Mi padre dice que soy un vicioso de Internet. Cuando le comenté que el blog de herramientas había tenido no se cuantas millones de visitas desde que lo inicié dijo: “Como se nota que la gente se aburre”. Debe ser así.
En realidad para mi bloguear es una búsqueda. Búsqueda de razones para entender las cosas que determinan la situación en la que vive cada uno. Muchas veces siento como el escribir es como el programa SETI de búsqueda de vida inteligente extraterrestre, porque entiendo que aquí en la tierra queda más bien poca.
Inteligencia tomada como algo práctico, algo tangible. Se puede ser inteligente y ser un desgraciado. Inteligencia y ética son valores mucho más difíciles de encontrar. Máxime cuando esta sociedad ha dado el gran vuelco de proclamar la bonanza de la individualidad frente a otros valores.
Los medios con los que lo hace son apabullantes. Enciende la televisión y mira. No hace falta estar más de 5 minutos delante para saber que quieren que pensamos sobre lo que debe ser vivir.
Pisa, destruye, maldice, sé infiel, véndelo, no tengas vergüenza, etc. Mejor tú que yo, decía un soldado frente a la tumba de su amigo en Apocalypsis Now. Los niños no quieren ser astronautas, quieren ser famosos.
Yo cada día estoy más cansado de ello. Quizás porque soy plenamente consciente que las armas que tuvo a bien otorgarme la naturaleza en esta época son romas como cucharilla de café. No valen, y están desfasadas. En cuanto a mis defectos son aristas. Demasiado notables como para hacerlos pasar inadvertidos a los ojos de cualquiera. Así pues sigo esperando algún eco del mundo de fuera. Por supuesto ese mundo que está a la increíble distancia de 1 cm. de mi aliento.
Mientras me conformo con ver cómo nos manipulan y nos usan para que pensemos, hablemos, consumamos y anhelemos lo que ellos quieren. Uno enciende la televisión y ya está. Compra esto. Ayer Iran, hoy Michael Jackson, mañana ya veremos. Y vuelta a empezar.
Y que digan que yo soy un vicioso. Vaya mierda
«El infierno de los vivos no es algo que será: existe ya aquí y es el que habitamos todos los días, el que formamos estando juntos.
Dos formas hay de no sufrirlo.
La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y convertirse en parte de él hasta el punto de dejar de verlo ya. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio.»
Italo Calvino