El momento en que un político pasa de preocuparse de la subida del IVA para las chuches y golosinas de los críos a mandarlos comer en un tupper al colegio no es ningún misterio. Basta con dejarle que gobierne. Así de simple.
Los tuppers aparecieron hace algunos años. Con muchos de los padres el tema fue más fácil. Mientras los políticos hablaban de cifras en debates sobre empleo y si éramos cola de león o cabeza de ratón de la economía mundial, las mochilas de comida, eso sí de diseño, llegaron para quedarse. Insisto, antes de que los políticos hablaran o intuyeran la que nos iba a caer encima, ya estaban en la mesa. Algunos profesionales miraban por encima del hombro a quienes las traían. Ahora también las llevan. Finalmente parece que incluso algunos manifiestan que “no comer en el trabajo” es mejor síntoma de “éxito profesional” que un buen resultado en algún proyecto.
Los tuppers , las mochilas y demás, como ven, son una señal de nuestro tiempo. Incluso en lo social.
Supongo que a quienes han decidido que los críos emulen a sus padres todo esto les trae al pairo. Dirán que así se vigila mejor la alimentación de los críos, aunque si entre ellos hay hijos de familias rotas, o de integración , no parece ser un problema. Tampoco que entre ellos se plasmen desigualdades a la hora de sentarse en una mesa. Con los padres funcionó, con los hijos también, dirán.
Lo triste es que hace pocos meses discutíamos sobre si los niños deberían ir a clase con un portátil en Windows o Linux, o si este debía ser un tablet. ¿Recuerdan?
Cómo en tantas otras cosas hemos retrocedido años que a este paso nos va ser prácticamente imposible recuperar. Más que nada porque aceptamos tuppers y aceptamos que 62 diputados con residencia en Madrid cobren 1.823 Euros en conceptos de Dietas. Eso son exactamente 37.675 “menús” de 3 Euros al mes. Esos que quieren ahorrar.
Pero no se preocupen que ni ellos, ni sus hijos, llevarán tarteras.