Verá usted. Mi hija ya no quiere pasear conmigo cogiéndome del brazo. Ya sé que a usted le parecerá una nimiedad, o una estupidez, pero para mí esto sí que representa un cambio drástico.
Es normal, ley de vida. Tiene 11 años y ya es una mujercita. Como padre, a pesar de que no convivo con ella desde que tenía 4 años como sector afectado por las 4 palabras más cortas, y sin embargo más pesadas que puede oír uno (ya no te quiero), uno siempre tuvo su mano a disposición de la princesa. Para pasear, guiarla, protegerla. Ya sabe, lo que uno supone que debe hacer siempre, lo que uno cree que debería hacer un buen padre. Aunque nunca tiene la certeza.
La vida, como le decía, dicta estas cosas. Primero los llevas en brazos, bien arrimados al pecho, como un tatuaje. Luego de la mano, eso sí, examinando al milímetro por donde va a pisar y olvidando el terreno propio, y por último, solo te queda seguirles con la vista, porque siempre van por delante, abriendo brecha y sin miedo a un futuro que cada vez es más corto para ti, y mucho más grande para ellos.
El fenómeno tiene sus síntomas. Uno acompaña a sus hijos hasta clase, cuelga sus abrigos y los despide con un beso. En un instante ve que la puerta del colegio, la exterior, es una barrera infranqueable para los adultos, y pasas a contemplar a tus hijos entre rejas. Por último en cuanto detienes el coche al lado de la acera, ves como se abren las puertas del mismo, y cuando giras la cabeza solo oyes una vocecita despidiéndose y los asientos traseros del coche pasan a medir el equivalente a 4 estadios de futbol, llenos de vacío.
En fin, todo cambia. Normal. Nada espectacular, perdonen si les aburro. ¿Qué por qué le cuento esto? Pues porque estoy cansado de leer todos estos días páginas y páginas sobre recortes de derechos fundamentales, cambios en la ley, adaptación de empresas y modelos de negocio a nuevos medios, y muchas cosas más.
Sin embargo le diré que con todo lo que leo, el interés que me suscita y lo preocupante que pueda ser que unos señores puedan cerrar una web o un blog en 4 días, prefiero utilizar el tiempo en contarle algo verdaderamente importante para mí. Mi hija ya no quiere pasear conmigo del brazo.
Por si acaso, queda dicho. Al menos, de momento.
Saludos. Mientras me dejen.