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La sopa boba

 

Los que paseaban el discurso de “todo el mundo debiera tener un blog” lo han cambiado por “todo el mundo debiera leerme” sin despeinarse. Mucho tiempo estuvieron especulando sobre si el poder de todo esto del bloguing estaba en el amateurismo, en el periodismo ciudadano, en la opinión personal. Hasta que vieron el color del dinero, siempre el dinero. A la mínima oportunidad de monetizar aquello que era pasión, renegaron de todo aquello y declararon a los blogs muertos. Hablaron de que las redes sociales era los lugares para la plebe, aquellos que no tienen nada que decir, o lo que es lo mismo, les robaban la audiencia. Se declararon influyentes en base a repetir una y otra vez que existían enemigos imaginarios, coaliciones, leyes y gobiernos, y que ellos, representándose a si mismo salvarían la libertad de todos nosotros en formato DVdscreener. Mientras montaban redes de blogs que se auto referenciaban hasta lo vomitivo, eventos en los que se promocionaban siempre las mismas personas, agregadores de noticias que manejan ellos y sus acólitos, y se referenciaron como representantes de algo que por su variedad no tiene representación alguna.

Esta historia no es nueva. Es una copia de lo que sucede en cualquier medio de comunicación con los grandes grupos, y obedece simplemente a la ecuación audiencia= publicidad = ingresos. Igual que para los blogs era imposible competir con los medios digitales de los grandes grupos de comunicación de este país, a los blogs independientes, personales o desligados de todo esto les es imposible competir con el chanchullo que se han montado. Y tienen nombres, menéame, bitácoras, Weblog S.L, Hipertextual y sobre todo Social Media S.L, la empresa que compuesta por muchos de estos “grandes” explota la publicidad de ese 1% de blogs de estos formatos que acapara el 90 % de la audiencia de todos los blogs hispanos. Y si buscan los nombres de quienes son se darán cuenta de los hilos que los unen. Un empresario conocido por como especula con todo esto está en prácticamente en todos ellos, y los demás mantienen nexos muy claros.

Así pues cuando se decía que los blogs debían ser profesionales para sobrevivir, se referían a esto. A que ellos debían profesionalizarse si querían sacarle rendimiento. Enterraron a los búhos y se liaron la manta a la cabeza.

Les voy a contar una cosa, el secreto de un evento cualquiera de esto que se llama 2.0. ¿No les extraña que siempre sean los mismos personajes y que unas veces unos estén en primera fila sentada, y otras en el estrado? Pues es sencillo. Un “emprendedor”, o tipo de estos, capta a unos inversores, organiza un evento, invita a un amigo, se habla de cancamusa y de lo importante que es todo esto, si hay suerte los inversores pican y se hace negocio. En el próximo evento se invierten los papeles, siempre las mismas personas, y a seguir explotando la gallina de los huevos de oro. Yo he visto las facturas de 300 pavos una mañana para contar lo que es un blog a quien se ha creído esta historia.

Los medios clásicos, la competencia, son denostados, calificados de caducos cuando no muertos, y sin embargo siempre serán el sueño húmedo y el objeto de deseo más preciado. Cualquier referencia en una columnilla, aparición de 2 minutos a las tantas de la madrugada en la televisión, o cuña radiofónica, es celebrada como un éxito y una muestra de poder. ¿Pues no están muertos? ¿En qué quedamos? Quedamos, en que todo vale en esta pantomima.

¿Y qué se puede hacer ante esto? Pues poco o quizás mucho, según se mire. Recordar que la inmensa mayoría de la gente que estamos en esto lo estamos por puro placer, o por necesidad de contar cosas, o simplemente porque nos da la gana. Recordar que el punto de vista único y personal sobre las cosas que dictan las agendas de los medios es imprescindible frente a los mensajes oficiales. Recordar que estamos por dejar constancia de nuestro paso, de los puntos de vistas tan distantes que tenemos sobre las mismas cosas. Que nuestras preocupaciones pueden ser las mismas que las de miles de personas, o simplemente nuestras, y no por ellas menos importantes. Que mantenerse al margen de todo esto implica un campo de visión más amplio. Que escribimos por decir, que contamos por informar, que enlazamos por compartir, que referenciamos por documentar, que comentamos por aportar. Que la duda es buena. Que retractarse es bueno. Que la conversación era y sigue siendo para algunos el objetivo. Que lo importante es ser voz y no eco.

Así son las cosas, o quizás no. Pero al menos es mi forma, la mía de verlo y contarlo. El que ustedes lo lean o lo compartan, insisto, no es lo primordial. El tener la posibilidad de decirlo, sí.

Nunca me gustaron las sopas bobas, y si en realidad nos permitimos el poner a caldo a políticos, empresas, etc, también deberíamos mirarnos en un espejo.

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