Ayer, algunos en una plaza a pleno sol soñaban con arreglar el mundo confiando que gracias a que otros, mucho más despiertos, no hicieran lo que siempre hacen, y volvieron a hacer, otros dejaran de hacer lo que nunca debieron, y por último, otros insistieran en hacer lo mismo, ya que no se debía hacer más de lo que se hizo. Delegamos nuestros sueños, descargamos nuestras culpas, nos apuntamos los tantos ajenos y somos tremendamente despiadados en ver vigas en ojos ajenos. Cierto es que el sistema provocó un enorme fallo que se ha llevado las ilusiones y los trabajos de muchos españoles como un tsunami. Sin embargo, nos gusta. Si alguien representa las ideas y el método de ese mismo sistema que nos ha destrozado la vida, (el mercado como razón de ser y Dios mientras se gana y si hay perdidas lo pagamos a escote entre todos, la privatización de lo social y el que pueda que lo pague y los demás que esperen) lo subimos a un trono, y listo.
Para chulos, nosotros, claro.
Si alguno intentó ponerle remedio, torpe o no, lo escabechamos por no conseguirlo, y damos palmadas al siguiente que no movió un dedo por evitarlo. Ya se sabe, la culpa la tiene el otro, no nosotros. El tipo estaba allí por casualidad, le tocó en una rifa, y los que no se movieron, también. Y mientras eso ocurría en una zanja, los demás, nosotros, miramos y lo criticamos. Esto es España.
España no se levantó de una manera y se acostó de otra. No hay revoluciones en España. Hay lo de siempre.
¿Y los demás?, los demás, nosotros, que se jodan, y sin embargo, nos gusta, a juzgar por lo visto.
Saludos
Pues esta vez amigo no estoy de acuerdo con tu post. Sinceramente creo que tu pesimismo no es justificado. Lee este post http://www.elmundo.es/elmundo/2011/05/22/opinion/1306061451.html es de @affermoselle y es brillante.