Cuesta toda una vida aprender a vivirla.
Con 51 años uno se encuentra en tierra de nadie. Seamos sinceros, somos incómodos. Ya hemos adquirido no solo la experiencia suficiente para saber lo que es justo, sino el cómo defenderlo. En estos tiempos eso no es nada popular. Hemos acumulado tanto conocimiento sobre cómo debieran ser las cosas como sobre cómo fueron. El saber que hay otras posibilidades pone nervioso a quienes tienen el poder y solo ofrecen un camino de empleos precarios, salarios infames y condiciones abusivas a los pocos jóvenes que pueden acceder a un trabajo. Un empleo que no significa otra cosa que empezar a forjarse una vida. Y la nuestra, para bien o para mal, ya está muy elaborada.
A mi edad no nos quieren. Esa es la verdad. Nos ven demasiado hechos para moldearnos a sus designios y demasiado jóvenes para nos limitemos a callar y observar. Por tanto solo queda ejercer nuestra responsabilidad en forma de allanar el camino y regalar nuestra experiencia compartiéndola aunque sea en un blog que no lee nadie: No os calleis. No os rindais.
Estamos aquí, todavía.
Y no nos iremos.
Aún